El creador de odio también eres tú

Culpamos a los creadores de contenido de hacer barbaridades y exigimos que les cierren el canal, pero muchas veces olvidamos que cada uno de nuestros ‘clics’ valida y legitima actitudes de odio, racismo, machismo, xenofobia, homofobia y desinformación. Sí, es una responsabilidad compartida. Stop making famous stupid people.

El youtuber que grabó a un ahorcado en el bosque de los suicidas de Japón. El que grabó la broma de darle una galleta con dentífrico a un indigente. El que -esta la escribí yo misma en La Vanguardia- maltrató a su gato hasta matarlo y lo subió a su canal. O el hombre más odiado de internet, Hunter Moore, al que Netflix le ha dedicado un documental que se llama así, El hombre más odiado de internet, porque creó un sitio de pornovenganza en el que cualquiera podía subir las fotos de desnudos de sus ex parejas sin que nada ni nadie pudieran hacer nada por evitarlo. Mientras eso hacía muchísimo daño a muchas personas él, Moore, se volvió una celebridad millonaria por los ingresos publicitarios derivados de la barbaridad de visitas que recibía su web. En resumen, como se dice en el documental, «destrozaba vidas con un clic«. Dentro tráiler.

Por si alguien todavía no lo sabe, una web puede generar ingresos de la misma forma que un medio de comunicación clásico -televisión, radio, periódicos y revistas-: se crea una audiencia alrededor de un tema, por ejemplo, la moda. Y después se llama la atención de todas las personas interesadas en moda, por ejemplo, a través de redes sociales. Lo que se llama creación de comunidad. Y cuando se tiene una audiencia suficientemente grande, se empaqueta y se ofrece -se vende- esa audiencia interesada en moda a anunciantes -empresas- de moda, maquillaje, belleza, perfumería, etc.-. Y a más audiencia, más dinero se le cobra al anunciante por aparecer en ese lugar. Duele decirlo, pero la manera de financiarse del periódico más serio del mundo y el sitio de pornovenganza de Moore se basa en lo mismo: en ponerle un valor al tamaño de su audiencia. Pero también es cierto que así se financian los medios y causas más nobles del mundo. Elige tu propia aventura, baby.

Entonces un youtuber o influencer hace algo polémico y todos nos llevamos las manos a la cabeza y decimos: ¡hay que cerrarle la cuenta! ¡hay que meterle en la cárcel! ¡Hay que cerrar la web de Hunter Moore! Bueno, sí, pero si somos realmente honestos, ellos son el resultado de nuestras acciones, de nuestra decisión de seguirles, de nuestro jalear, de nuestros clics. Por tanto, sí, esta cuenta se paga a medias y no es justo eludir nuestra responsabilidad. La otra mitad de los creadores odio somos nosotros, sí, tú y yo, que cada vez que hacemos clic o enter en algo, lo validamos.

El periodista Albert Doménech ha diseccionado en un vídeo a los prescriptores creadores de odio e introduce el tema de la responsabilidad de la audiencia: «Tú lo que estás construyendo es una cantera de hooligans, de pirómanos (…) que se refugian en lo que tú estás haciendo para sentirse bien, porque normalmente son gente amargada con problemas de socialización, personas con problemas, o personas que necesitan de alguna forma extrapolar sus miseras a los demás, que necesitan victimizarse y hacer responsables a los demás de sus propias desgracias, que muchas veces probablemente son consecuencia de sus malas decisiones. Es gente que necesita canalizar su frustración en los demás, y disfruta y se alimenta de ver cómo los demás sufren, así ellos se sienten mejor: no soy el único desgraciado«. Por eso dice Doménech que cuando se apoya a ese creador que produce odio -suscribiéndose a su canal, dándole likes y jaleándole- lo que se hace, en definitiva, es validar y y legitimar lo que hace. Y luego, cuando llega el desastre, es cuando queremos cerrarle la cuenta. Well…

Podríamos hablar de mil teorías sociales sobre el clickbait, la curiosidad humana y los efectos del acoso, el bullying, la pornovenganza y mucho más, pero ya hemos conocido los suficientes para saber que no hay nada inocente en hacer clic -o compartir- ese titular o vídeo tan escandaloso o sugestivo pensando que es inocuo. Hay gente que se traumatiza, incluso que se suicida, y hay otros que ganan dinero, poder, fama o influencia con ese sufrimiento.

Nuestro clic se contabiliza, aparece en unas métricas mensuales, se considera un éxito, y contenidos similares seguirán produciéndose porque los hemos visitado, y seguramente se nos seguirán recomendando porque para eso se rastrea todo o casi todo lo que hacemos en internet. No es inocuo, no somos inocentes, participamos directamente en la difusión de odio. Incluso cuando lo hemos hecho sólo por curiosidad.

Una de las personas que mejor ha explicado todo esto es Monica Lewinsky en su ya mítico TED Talk llamado El precio de la vergüenza, donde ya dejaba muy claros ¡en 2015! los fundamentos de la cultura de la humillación. La idea era: piensa a lo que le das clic porque, al hacerlo, puedes estar validando el daño a alguien. «El último desliz de…», «El descuido de (tal actriz) en el que se le ve todo», etc.. ¿Nos suena?

«Pero en esta cultura de la humillación -dice Lewinsky, recordemos, una persona anónima que, de la noche a la mañana, pasó a ser humillada a nivel global- hay una etiqueta con un precio asociado a la vergüenza pública. El precio no mide el coste para la víctima (…) sino la ganancia de quienes se aprovechan de ella. Esta invasión de terceros es una materia prima, explotada de manera eficiente y despiadada, empaquetada y vendida con ganancias. Ha surgido un mercado donde la humillación pública es una mercancía y la vergüenza es una industria. ¿Cómo se hace el dinero? Clics. Cuanta más vergüenza, más clics. Cuantos más clics, más dólares publicitarios. Estamos en un ciclo peligroso. Cuanto más hacemos clic en este tipo de chismes, más insensibles nos volvemos a las vidas humanas detrás de él. Y cuanto más entumecidos nos volvemos, más hacemos clic. Mientras tanto, alguien está ganando dinero a costa del sufrimiento de otra persona. Con cada clic, hacemos una elección. Cuanto más saturemos nuestra cultura con la vergüenza pública, cuanto más aceptado sea, más comportamientos veremos como el acoso cibernético, el troleo, algunas formas de piratería y el acoso en línea. ¿Por qué? Porque todos tienen la humillación en su núcleo. Este comportamiento es un síntoma de la cultura que hemos creado. Solo piensa en ello».

Recomiendo totalmente ver su vídeo. A solas, en familia, entre amigos, en las escuelas.

Este es mi clic.

Algunos recursos contra el acoso y el bullying en internet y redes sociales:

Imagen principal: Dos trolls -más simpáticos que los reales- de Meg Jenson en Unsplash.

Xiana Siccardi y Lakpa Nuru Sherpa en la Feria del Libro de A Coruña

Agotada la tercera edición de ‘Sherpas’

Xiana Siccardi y Lakpa Nuru Sherpa presentaron Sherpas. La otra historia del Himalaya el pasado 6 de agosto en la Feria del Libro de A Coruña, con un lleno total de visitantes. La presentación corrió a cargo del editor de Ediciones del Viento, Eduardo Riestra.

Posteriormente, muchos lectores y lectoras tuvieron la paciencia de esperar hasta una hora en la cola para llevarse su ejemplar firmado. Como consecuencia de esta presentación, ya se ha agotado la tercera edición de Sherpas.

«La mitad de mi familia es gallega y estoy muy contenta de estar aquí», dijo Xiana Siccardi, antes de dar paso a Lakpa Nuru Sherpa, quien compartió con los visitantes su experiencia como porteador y alpinista en los Himalayas nepalíes, detallando sus ascensos al Everest y cómo es la vida entre las montañas más altas del mundo.

El libro ‘Sherpas’ llega a la cima del K2

Nuestro libro Sherpas. La otra historia del Himalaya ha llegado a la cima del K2, la segunda montaña más alta del mundo, gracias a la generosidad de nuestro amigo y extraordinario alpinista Karma Geljen Sherpa.

No es la primera vez que Karma nos emociona así. El año pasado llevó nuestro Sherpas a la cima del Everest. Estamos orgullosos de tener un lugar entre esta comunidad del Himalaya, sin la que muchísimos éxitos de alpinismo internacional serían sencillamente imposibles.

Nosotros lo llamamos K2 y «la montaña salvaje», por lo difícil que es de escalar, pero los locales la llaman Chogori, «el rey de las montañas». «Es muy peligroso, había desprendimientos de rocas por todas partes», nos ha contado Karma, quien ya está en casa y bien de salud, recuperándose poco a poco. Karma Geljen Sherpa es uno de los alpinistas que suele trabajar en el equipo del famoso alpinista nepalí Nirmal Purja.

No tenemos palabras de agradecimiento, porque parece que Karma hace honor a su nombre y el reconocimiento que con nuestro libro quisimos dar a esta remota comunidad del Himalaya nos vuelve con creces cada día.

Y así, con esta amistad a 7.000 kilómetros de distancia y a más de 8.611 metros de altura, es como se nos recuerda algo esencial, que hay éxitos y lugares a los que nunca llegaremos sin aquellos que parecen invisibles.

Nada de ‘Perder’

Por respeto a nuestra amistad y a tus miles de lectores, no te llamaré en público como te llamo en privado, esto es, como en la redacción en la que nos conocimos y que dejamos de compartir en 2012, hace uf, ya 10 años. 

En cinco horas me leí tu Perder, una novela de autoficción donde una historia sirve como recurso para contar otra, la buena. Por eso entre campnous y declaraciones de jugadores busqué tu razón para abrirte en canal, con lo reservado que tú eres menos para gritar gol y que se rajen todos los cristales. Me refiero a el por qué y el por qué ahora. Ya estaba claro que no ibas a escribir sólo sobre fútbol, que eso ya lo haces cada día, y encima colando a Dostoyevski y logrando que quede bien.

Página 10. «Y las crónicas, que para eso estaba allí. Las mismas por las que tanto sufrí. Llegué a amarlas con más desesperación que devoción. También las desprecié. Por algo eran artefactos hechos para la tortura. Aquellas maquetas en blanco, donde los diseñadores, dictatoriales, esperaban que escribiéramos evangelios de 5.000 caracteres a la velocidad de la luz, eran el único lugar donde se podía liberar demonios«. 

Luego lo de Cornellà y los malos recuerdos del barrio de Sarrià. «De niño solía acompañar a mi madre hasta allí porque, al menos una vez a la semana, llevaba pescado fresco a una de aquellas casas señoriales. Los burgueses no pisaban mi barrio, Y mi madre entraba y salía por la puerta de servicio. Como los perros, no podía compartir según qué privilegios con los amos«.

Ahí está, y no era el fútbol: la deprimente arrogancia de quienes sólo tienen dinero y fama, el clasismo, la dank submission de la precariedad laboral, el control y el autocontrol, la autocensura, el miedo, la pérdida de la ilusión y ser más pobres que nuestros padres. Y lo bien que retratas a los peores y sobre todo tu manera de elevar a los mejores. Estabas en el escenario de la Casa del Llibre de Rambla de Catalunya presentando tu Perder con tu familia, amigos y muchos compañeros periodistas y fotógrafos cuando dijiste que «nosotros tenemos algo que ellos no tienen, que es la escritura«. Y así es como has hecho danzar a chulos y mediocres para recordarnos lo que no hay que ser.

Luego más: «El nuevo periodismo, en vez de ir a buscar las noticias, prefiere esperar a que ocurran. Por eso cada vez menos reporteros salen de las redacciones. Sus jefes se sienten más seguros dejando a todos ellos frente a sus ordenadores, preparados para ser los primeros en cazar un tuit, en publicar cualquier pseudonoticia sin contrastar, en ganar la guerra del posicionamiento cibernético. Siempre con el clic por bandera«. 

He creído reconocer a alguien familiar detrás de Fermín, Isma, Carolina, Mari Paz, Joan Manel y Quique y en ese de política que escribe como los ángeles. Seguro que tiene un poco cara de perricerdo.

Y también ahí está, y no era fútbol. Tu periferia, tu revolverte hacia quien desprecia el esfuerzo y al mismo tiempo prohíbe el fracaso -¿cómo se conjuga esto?-, matar a nuestros monstruos para no ser como ellos, esa amistad que florece sobre el amor insuficiente, y sobre todo y por encima del fútbol ahí está el ser periodista, unos pajarracos curiosos que sufren de un idealismo algo naiv sin el que a veces no podrían olvidar que son acechados por muchas de las peores cosas del mundo. 

Tu libro debería recomendarse el primer día de primero de Periodismo junto con aquello de que «el periodismo es un océano de un dedo de profundidad» –«il piridismi is in icíino di in didi di prifindidid»– y que cada cual escoja su propia aventura. Pero no creas que todo esto es un masaje. Tus gustos musicales son espantosos.

Quizá perder no sea tan terrible, porque lo de ganar está demasiado desdibujado últimamente. ¿Qué es ganar? ¿Un rapero en una piscina rodeado de culos? ¿O la hipoteca, los niños, el perrito, el abrelatas eléctrico (vintage Trainspotting references always welcome), las cuentas en rojo, el terror a ser despedido mañana, el diazepam para aguantar mental y físicamente tu tinglado y -con suerte- un triple bypass a los 58? Yo creo que ganar es otra cosa, pero esto no va de mí. Para los hinduistas, por ejemplo, la destrucción es una potentísima fuerza creadora.

Terminé tu libro de madrugada y se me hizo corto. Nos has atrapado a todos y para siempre en tu mundo perdido y solo por eso ya hemos ganado. Y tú también. Gracias por haberlo escrito. Paradise isn’t lost, it was hiding all along.

El dato de ‘La Velada del Año’ de Ibai Llanos

El streamer logró en su canal de Twitch un 50% más de audiencia que el programa más visto, que fue el informativo del mediodía de Antena3; duplicó a La Voz Kids y triplicó los datos de Sálvame.

Ayer seguí con mucha curiosidad La Velada del Año de Ibai Llanos, transmitida en Twitch desde su canal y otros, celebrada en el Palau d’Esports de Badalona. Fue una espectacular sesión en la que se consolida el éxito de Ibai Llanos como claro referente del entretenimiento en nuestro país. No le demos más vueltas. No hay nada más que demostrar. Lo es.

Por eso quiero arrancar con EL DATO. El dato fue que La Velado del Año superó los tres millones de espectadores en Twitch. Eso sin contar los que seguían el evento a través de Twitter, que monopolizaron todos los hashtags de la tarde-noche (#Viruzz vs Momo, #Rubius, #LaVelada2, #3Millones, #Quevedo y #Auronplay, algunos ejemplos).

En sus mayores picos, la noche de boxeo logró 3,1 y 3,2 millones de personas conectadas a Twitch en el mismo momento, disfrutando del show. Eso es una barbaridad y, si no voy errada, fue el doble de la audiencia lograda el año anterior. Ese fue EL DATO de Ibaiel resultado de Ibai-, y como ejemplo comparativo de cómo está la cosa, estas fueron las mayores audiencias de la televisión en España del viernes, el día anterior, según el resumen diario de Fórmula TV:

El show de Ibai&Co logró un 50% más de audiencia que el programa más visto, que fue el informativo del mediodía de Antena3; duplicó a La Voz Kids y -atención -triplicó los datos de Sálvame.

Pasaron muchas otras cosas interesantes en esta SuperBowl de boxeo negociada y desarrollada por la generación de menos de 40 años que se ha buscado la vida y sus propias oportunidades, más que esperar a que alguien se las concediera. Tal y como están las cosas, y sobre todo si pensamos en el paro juvenil, mejor pedir perdón, que permiso. Fue un evento con ritmo que contó con una producción y realización impresionantes. Nada que envidiar a un combate en Las Vegas, tal y como se comentó en directo.

Más cosas. Anoche vimos a muchos de los más célebres influencers –El Rubius, Auronplay, Arigameplays, The Grefg, Luzu, Lolito, etc.- deambulando entre logos de Grefusa, El Pozo, Telepizza, Disney, Spotify y un largo etcétera. No había marcas pequeñas. Los departamentos de Marketing de estas marcas han sido ágiles en saber qué está pasando y donde está la audiencia a la que quieren llegar.

Más sorpresas. El torneo de boxeo se permitía descansos entre combate y combate -muy bien incluir un combate femenino, a ver si el año que viene hay paridad- con actuaciones musicales de gente tan en el candelero como Nicky Nicole, Duki, Quevedo, entre otros, con Bizarrap poniendo el broche final. Sería interesante ver cómo era el perfil de la audiencia que siguió el show. Creo que había mucho deportista y boxeador porque curiosamente, las audiencias bajaban ligeramente (más o menos en 200.000 espectadores) en las actuaciones musicales, cumpliéndose así un viejo mito -o realidad, no sé, me encantaría que alguien me escriba y me lo aclare- del mundo de la televisión que dice que la música desploma las audiencias. Ojo, que nadie se confunda: recordemos que Bizarrap es alguien que logra 30 millones de visualizaciones en sólo dos semanas de su útimo hit con Villano Antillano en YouTube. En todo caso, yo siempre defenderé la presencia de la música en todas partes, baje o no la audiencia, y celebro que las generaciones más jóvenes incluyan en sus grandes eventos a las voces de su tiempo. Intercalar esas actuaciones tan bien elegidas entre cada round fue fabuloso. Que le den a la audiencia que no sepa valorarlo. Fueron 3 millones. Estemos atentos.

La obra maestra de Soy Una Pringada

Lanza una cruda disertación en YouTube sobre la pobreza y la ausencia de oportunidades en la clase media baja en España basada en su propia historia a través de la película ‘Manolito Gafotas’.

Sigo a Soy Una Pringada desde hace años porque para mí es una de las creadoras más interesantes que tenemos. Comencé a curiosear lo que hacía cuando no era tan popular, y recuerdo compartir sus vídeos allá por 2017, que se me respondían con ‘quién es eso’, o ‘pero está muy gorda ¿no?’ o ‘no puede ser modelo de nada con ese físico’.

Por entonces creo que sólo tenía un canal de YouTube en el que hacía mordaces reviews de películas, series o de personajes de actualidad. Eso fue antes de su serie ‘Looser’ en Atresmedia, de sus libros o sus pinchadas. Por cierto, cubrí una de ellas en Razzmatazz en 2018 para La Vanguardia. Hablé de su serie en el mismo medio y lo titulé «El inesperado éxito de la gente de mierda» porque así de improbable era el éxito fuera de aquellos paraísos de bellezas artificiales que arrasaban en Instagram hace 5 años, antes de que se hablara abiertamente del atractivo de los cuerpos no normativos o de los problemas de salud mental derivados de la hiperexposición digital, como sucede hoy.

Hoy sigo su podcast El Club de Fans de Shrek, donde hay capítulos que citan cientos de referencias, como el de Alta cultura vs Baja Cultura con Alberto de las Heras, Glenda Galore y Miguel Agnes, charlando sobre la televisión, la telebasura, la cultura de la cancelación, Adolf Loos, Andy Warhol, Marina Abramovic, La semilla del diablo, Sol LeWitt, Roy Lichtenstein, Caravaggio, Woodstock, etc.

Soy Una Pringada te saca una sonrisa torcida incluso con los temas más desesperanzadores. El bullying, el fracaso escolar, la relación con el propio cuerpo en la adolescencia, que si el petitsuisse y tal. Ella, que ha transitado por todos esos infiernos en primera persona, puede por tanto cogerlos y, como en el aikido, darles la vuelta usando la fuerza del contrincante contra sí mismo. Lo último ha sido un vídeo en YouTube dedicado a la pobreza y a la falta de oportunidades, una disertación sobre su propia infancia y adolescencia que para nada esperas encontrarte cuando haces clic sobre un aparentemente inocente vídeo-review llamado «La peli de Manolito Gafotas».

Cargando contra «quienes romantizan la pobreza» porque sabe lo que es «comerse las tapas del pan Bimbo» y que sólo haya «medio limón podrido en la nevera», Quesada desgrana la vida de los protagonistas de la película y dice sobre la madre: «Esa madre seguramente se vio envuelta en tener dos hijos cuando no quería tenerlos, igual quería estudiar o ir a la universidad pero no había puto dinero, y lo único que podía hacer era casarse con su novio, y tener hijos, y formar una familia, y juntar dinero para poder vivir porque, si no, no te puedes permitir vivir en una puta casa cuando eres pobre, porque tienes que vivir con otra persona, y a veces esto te empuja a tener una familia cuando no quieres tenerla. Qué asco ser pobre, de verdad, qué horror. Es el puto infierno. No se lo deseo a nadie. Yo he sido muy pobre y sé qué es estar ahí».

En un lejano 2016 ya escribí en La Vanguardia que los influencers podrían cambiar el mundo si quisieran. Yo sé que no hay que ir por la vida pontificando, pero me gusta mucho Esty Quesada por lo que cuenta y por las hondas reflexiones que genera desde el humor, algo dificilísimo de conseguir.

Me hubiera encantado que hubiera existido Soy Una Pringada cuando yo era adolescente, cuando las chicas debíamos ser como Barbie y Cindy Crawford y las palabras acoso escolar o bullying sencillamente no existían, como tampoco existía internet ni la facilidad de hoy para llegar a otros modelos, ejemplos y referentes. Suerte que conseguía unas pocas revistas de USA que llegaban a cuentagotas a los quioscos de Las Ramblas, en las que estaba todo: el grunge, Guns’n’Roses, y algo rarísimo que se llamaba Headbangers Ball que daban en una cadena llamada MTV.

Soy Una Pringada contribuye a la normalización de muchas cosas que deberían haber sido normales hace mucho tiempo y da vergüenza que aún no lo sean. Pero eppur si muove. Porque ahora resulta que, cuando alguien cita su nombre hay unanimidad, y se levanta una cabeza en algún sitio y dice: Ah sí, esa tía me encanta, qué crack.

El País: «Un libro para retirar una tonelada de basura del Everest»

Publica un reportaje sobre cómo se ha realizado la campaña de retirada de residuos en nombre de los lectores de ‘Sherpas’

El diario El País ha publicado un detallado reportaje sobre la retirada de una tonelada de basura que el libro SHERPAS ha impulsado junto a su editorial, Ediciones de Viento.

Puedes leer el artículo en El País aquí.

Así se construye el marketing del k-pop

El k-pop está logrando un alcance internacional después de capitalizar la industria del entretenimiento en Corea del Sur. Nada es casual, ya que sus movimientos están muy bien orquestados desde sus poderosas compañías de entretenimiento.

Cada vez con mayor frecuencia, el nombre oriental de algún idol se cuela como trending topic en España y países de Latinoamérica. Se trata del k-pop, el pop coreano que ya traspasa fronteras, sobre todo, gracias a YouTube. El k-pop es un género que puede resultar muy sorprendente desde nuestro punto de vista por varios motivos.

El primero es la fastuosa apuesta estética de sus videoclips, aunque también son muy interesantes otros aspectos como los roles de género -especialmente la masculinidad-, una oscura cara B, y claro, el marketing del entertainment coreano, una máquina perfectamente engrasada para fabricar millones.

Kim Taehyung. De K-pop.asianchan.com

Prueba no sólo de su éxito sino de su expansión internacional, es que el interés por el k-pop ha sido creciente en España durante los últimos años. En la siguiente gráfica se puede ver la tendencia creciente y estable de búsqueda de este género en Google durante los últimos cinco años:

Hay varios motivos que explican por qué el k-pop está logrando un alcance internacional, después de capitalizar la industria del entretenimiento en Corea del Sur. Nada es casual, ya que responde a una serie de movimientos muy bien orquestados desde las poderosas compañías de entretenimiento coreanas como SM Entertainment, YG Entretainment –fundada por PSY, el creador del ‘Gangnam Style’, el primer hit del k-pop que triunfó masivamente en Occidente-, Big Hit Entertainment o JYP Entretainment, que llevan años produciendo -sí, el verbo está bien escogido- bandas de idols y conocen perfectamente la fórmula para que funcionen.

Estas son las principales claves de éxito del k-pop:

1.Sus videoclips son arte total (y vídeo marketing).

Los videoclips de las bandas más famosas del género son auténticas obras de arte, como por ejemplo algunos vídeos de BIGBANG, BTS o BLACKPINK. No se escatiman recursos en dirección de arte para crear unos videoclips que consiguen hiptotizarnos visualmente y amortiguar así el hecho de que no entendamos una palabra de lo que dice la canción. Rápidamente, consiguen millones de reproducciones y su estreno es todo un acontecimiento internacional.

¿Cómo lo consiguen? Con localizaciones espectaculares, habitualmente grandes espacios como palacios, museos, discotecas, o no-lugares de estructuras extrañas, de simetrías constantes y perfectas -muy habituales-, coreografías milimetradas, actuaciones con instantes sensuales y donde siempre se explica una historia que llega a entenderse sin que sea necesario comprender la letra.

Y bueno, hay otro secreto: para evitar que aparemos la mirada de la imagen, muchos de los videoclips están montados con el triple de planos que los videoclips estadounidenses, lo que multiplica el dinamismo y la velocidad en lo que vemos, según publicó Asian Times en 2019. Es vídeo marketing.

Sirve como ejemplo el emblemático hit de BIGBANG ‘Fantastic Baby’, en el que en apenas 15 segundos se llegan a contabilizar hasta 30 planos diferentes (entre 1:10-1:25):

Los videoclips también combinan con excelencia la paleta cromática para crear grandiosas armonías o perfectos contrastes. Por ejemplo, la escena completamente azul con sofá amarillo (colores complementarios) de ‘Boy with luv’ de BTS, o la escena en la tienda roja y azul de ‘Kill this love’ de BLACKPINK:

El contraste perfecto entre azul y amarillo de ‘DNA’ y ‘Boy with luv’ de BTS
La escena de la tienda usa perfectamente los colores complementarios azul y rojo, en ‘Kill this love’ de BLACKPINK

2.Usan hábiles trucos para superar la barrera cultural y lingüística

Para superar la barrera cultural y lingüística, los creadores de k-pop introducen dos trucos. El primero es colar siempre en las letras algunos versos en inglés -que entonces ya sí se pueden cantar en Occidente-.

El segundo son las famosas coreografías, con legiones de seguidores en redes sociales, inundadas de tutoriales llamados ‘dance practice mirror’, como este vídeo de práctica de Stray Kids. Así, si suena un hit k-pop en una discoteca o en Tik Tok, se puede bailar la canción sin que se sepa la letra. En el k-pop se conecta a través del baile, no necesariamente con la letra.

3.Crean literalmente ejércitos de seguidores

Los mayores grupos de k-pop cuentan con millones de seguidores tan organizados que, por ejemplo, en el caso de la banda BTS se autodenominan ‘army’ (ejército). Este es un tema un tanto polémico, dado que se ha criticado en ocasiones el inmenso poder que tienen estos grupos, que son capaces de cancelar a un ídolo si creen que su comportamiento no ha sido el adecuado o les decepciona.

En ocasiones, la compañía a la que pertenece ese idol obedece a los seguidores porque son los consumidores directos del producto. Y es que los números son lo más importante. Por poner un ejemplo, la canción ‘Boy with luv’ de BTS sumó en YouTube más de 59 millones de reproducciones en el mundo sólo el día de su estreno, y eso tiene un enorme valor de marca. El k-pop es una industria multimillonaria gracias a su público y siempre hay que dar MÁS.
Los seguidores comparten y se enteran de las últimas novedades a través de las redes sociales. Sobre todo, a través de Twitter, la red social que en lugar de decir “mírame” dice “míralo”.

4.Tienen un arma maestra: el amor imposible es posible

Esta es, probablemente, la jugada maestra del k-pop, aunque inquietante. El público del género es esencialmente femenino, así que para evitar desilusiones si trasciende que el ídolo tiene pareja, la decisión que toma la industria es que… mejor no la tenga.

Los candidatos a ídolos se forman desde niños en academias de baile y canto, y sólo unos pocos elegidos son reclutados por una compañía de entretenimiento, donde siguen aprendiendo idiomas, saber estar y cultura coreana e internacional, además de baile y canto en unas jornadas extenuantes y aterradoras:

Es algo así como la academia de Operación Triunfo, pero con la diferencia de que transcurren años desde que el aspirante entra hasta que debuta ante el público. Lógicamente, la presión es extrema, dado que los ídolos deben devolver el dinero que la compañía ha invertido en ellos.

Por tanto, para evitar distracciones o escándalos –que se producen-, durante esos años de formación viven en una residencia, se les aparta de su entorno familiar y amistades, se les prohíbe tener teléfonos móviles -que algunos cuelan a escondidas-y también tener pareja, hecho que continúa durante los siguientes años tras su debut. De esta forma, sus fans saben que sus corazones, aunque lejanos, están más disponibles y la esperanza es lo último que se pierde. Y si en el marketing se persigue la conexión emocional con el consumidor, probablemente no exista una más fuerte que la del amor. Pero quedarnos aquí sería quedarnos a la mitad:

5.Un ídolo es la encarnación de la belleza interior y exterior

Esta idea de equiparar belleza exterior con belleza interior, más demodé en Occidente, sigue vigente en la mayoría de países asiáticos. Concretamente en Corea del Sur, la famosa piel de porcelana se sigue considerando, actualmente, símbolo de belleza y status porque su dueño/a no está sometido/a al duro trabajo en el campo, lejos de la cultura y el conocimiento.

Las compañías de entretenimiento pagan a sus ídolos operaciones de cirugía estética, ortodoncias y corrección de problemas dentales, tratamientos de belleza, entrenamientos deportivos y un largo etcétera. La situación es tan normal que sirve como ejemplo mencionar el hit de SixBomb, ‘Getting pretty’, en el que sus integrantes muestran el antes y después de sus intervenciones estéticas:

6. Masculinidad andrógina, femineidad empoderada

Es uno de los aspectos más interesantes. El papel de los varones es de una masculinidad diferente a nuestros modelos tradicionales, con claros guiños ‘gender fluid’. Aunque habitualmente se expresen al estilo gangsta, acostumbran a encarnar almas enamoradas y sensibles que siempre sufren por amor. Saben perfectamente quién es su audiencia.

Es una masculinidad diferente, desacomplejadamente cute. Sus estilismos incluyen flores, diademas con orejas de gatitos, maquillaje colorido y colores del pelo en tonos pastel rosa o azul.

En muchas ocasiones se convierte en una androginia llevada al límite, como por ejemplo, el caso de Felix o Hwang Hyunjin, de la boyband Stray Kids:

El rol femenino, en cambio, no juega a la androginia. Más bien al contrario: se muestra una feminidad aumentada en estereotipos clásicos en forma -rapera intimidante o adolescente angelical- y empoderada en fondo, a nivel sexual, social y económico. Las mujeres del k-pop son dueñas de su cuerpo, seguras y sin reparo a ser y mostrarse materialistas. Uno de los ejemplos más claros de ello es la banda femenina en auge en Occidente, BLACKPINK:

Este asunto de los roles de género del k-pop se vuelve inquietante porque hablamos de jóvenes idols a los que se ha privado durante años de una parte de su experiencia emocional por no haber tenido las vivencias normales de personas de su edad. Y eso se traduce en timidez, un rasgo similar a la inocencia, que hace que en sus exposiciones públicas, por ejemplo en programas de televisión, parezcan aún más jóvenes de lo que son con el paso de los años, lo que vuelve a jugar a favor de la idea de belleza eterna del entertainment coreano.

Si tomáramos como ejemplo el principio de dualidad china, los varones se corresponderían al Ying -suaves, nocturnos, reflexivos- y las mujeres son Yang, expansivas, fuertes y luminosas. En todo caso, resulta muy interesante que hombres y mujeres tiendan hacia la femineidad. Hay un hilo desternillante en Reddit al respecto que pregunta «¿hay algún otro hombre hetero aquí al que también le gusten las boybands del k-pop?». Y la respuesta es obvia. Por supuesto que sí.

7.Mueven millones, y no sólo por la música

Más allá de la música, un buen número de idols ejercen de auténticos influencers y creadores de tendencias sociales y culturales, especialmente en el mundo de las marcas de alta costura y complementos de lujo, aunque también pueden anunciar compañías aéreas, como este futurista spot de SuperM de Korean Air.

El ejemplo más paradigmático y fascinante es el de G-Dragon, quien se hizo famoso en la banda BIGBANG. Con un talento y carisma realmente arrollador, hoy es embajador de Chanel en Corea del Sur. Otro día hablamos de él porque tanto su branding personal como el de su marca Peaceminusone merecen un capítulo aparte.

8.Llegan a Occidente mediante colaboraciones

La forma de expandir el negocio del k-pop fuera de Asia se hace como lo hacen las multinacionales: buscan partners locales que conozcan bien el mercado y se asociana a ellos. En el caso musical, lo consiguen a través de colaboraciones con grandes artistas occidentales y con público afín, con lo que logran llegar a nuevas audiencias a las que no llegarían por sí solos. Es el caso, por ejemplo, de BLACKPINK grabando ‘Kiss and makeup’ con Dua Lipa, o participando en el Coachella, siendo la primera banda de k-pop en asistir al famoso festival.

9.Su mundo es un paraíso artificial

El mundo del k-pop evoca una cierta ingenuidad que en Occidente se ha desvanecido lentamente. Mientras en nuestra cultura triunfa el ‘sad pop’ de Lana del Rey o Billie Eilish como reflejo y preocupación de nuestros tiempos inciertos, donde quienes triunfan son los tienen un mensaje o bien son activistas, el k-pop todavía canta a los desengaños amorosos como lo hacían las popstars clásicas al estilo Britney Spears o Katy Perry hace quince años, en mundos aún sin los efectos catastróficos de la crisis económica de 2008 y sin pandemia.

Ante nuestro desencanto actual, tendría sentido buscar cierto refugio en un paraíso artificial refrescante en el que no existen los problemas, un espacio atemporal completamente nuevo y lleno de color en el que aún subsiste la promesa de cierta inocencia y donde es bella hasta la melancolía.

Y esa promesa es la verdad oculta en la gran mentira del k-pop.

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